Opinión| 3 Sep 2008 - 8:47 pm
El Desnucadero
Confío plenamente en Rocio Arias
Por: Gustavo Gómez Córdoba
Hablo con sinceridad y sin nada oculto bajo la lengua, pues reconozco que no sería más que un prejuicio barato el descalificarlo por sus pasiones políticas, virgilizando esta columna, cuando la intención es otra muy diferente. Además, si está demostrado que puede administrarse el país como se administra una finca, ¡cómo no va a poder gerenciarse una empresa teatral como se gerencia un sanedrín! El asunto, ya verán, nada tiene que ver con política criolla.
Pasa, y de ahí mi preocupación, que no creo que el Teatro Nacional se sostenga conducido por un cuerpo colegiado en armonía con la figura presidencial de Vasco, tal y como ha quedado planteado tras la muerte de Fanny Mikey. Y aunque Vasco es hábil en el manejo de “presidente”, “barco” y muchas otras palabras que hacen parte de esta columna y del problema, el Teatro Nacional, vuelvo a la idea, no necesita ni presidente ni gerente ni administrador.
Lo que le urge es alguien que sea el Teatro Nacional y que el Teatro Nacional sea esa persona. En el caso de Fanny no hay que perder tiempo y tinta en explicaciones, porque todo mundo sabe que ella era el Teatro Nacional y que el Teatro Nacional era ella. La parte complicada es imaginar que alguien más pueda representar lo que fue Fanny. Pero, estén seguros, sin desconocer su buena voluntad y su experiencia, esa persona no va a ser Gustavo Vasco. Mucho menos en presencia de una muy deliberante junta, porque, siento decirlo, a veces la democracia es peligrosa.
Recuerdo una escena de Marea roja (Crimson tide), emotiva película sobre la crisis nuclear que se vive en el submarino norteamericano USS Alabama. En una escena espléndida, luego de que el segundo de abordo, el teniente comandante Hunter (Denzel Washington), reta verbalmente en pleno puente al capitán Ramsey (Gene Hackman), ambos se reúnen en privado y Ramsey le recuerda a Hunter que “en esta nave estamos para defender la democracia, no para practicarla”. A lo nuestro: dudo mucho que sea el momento para que Vasco sea nuestro Ramsey; mucho menos un alevoso pero magnético Hunter.
El Teatro Nacional necesita de alguien vigoroso que respire el proyecto, que se atreva a fusionarse con él y que logre que todos le creamos el cuento. De lo contrario, la Fundación y el Iberoamericano comenzarán un lento pero seguro proceso de declive y, quizá con suerte, terminarán convertidos en parte de algún programa cultural de la Nación o del Distrito. Vasco debe tener la gallardía de hacerse a un lado y la junta está en la obligación de aceptar que el proyecto necesita de un verdadero y fresco “gallo” como timonel. Uno solo.
Dirán algunos que me expongo, si dejo las cosas en este punto, a convertirme en un médico deplorable, de esos que aproximan el diagnóstico, pero se resisten a sugerir un tratamiento adecuado. Diré entonces que se me ocurre un nombre: Rocio (sin tilde, como ella lo ha dispuesto siempre) Arias Hoffman. Quienes la conocen saben que tengo razón, y quienes no pueden preguntar por ella y recibir referencias de oro: española con arrestos de colombiana, terca como una mula de arriero, enamorada del arte y de la cultura, esclava de sus principios, insistente y casi insoportable a la hora de conseguir recursos y, por si acaso, devota de Fanny Mikey, Rogelio Salmona y Javier de Nicoló. Ella, digo yo, es la persona.
Supongo que presentar su nombre a consideración no generará para ella, ya que estamos en Colombia, más que dolores de cabeza y estaré enfrentándola a enemigos gratuitos que automáticamente la picarán con palabras animadas por la envidia. Pero creo que Rocio Arias, o alguien que se le parezca muchísimo, es la salvación del Teatro Nacional, y por eso la expongo a la ira de los malquerientes (ella, hoy por hoy, sólo está vacunada contra los malpensantes). Rocio debe entender que esta postulación es inconsulta porque, volviendo al cine naval, “en esta columna estamos para defender la democracia, no para practicarla”.
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Gustavo Gómez Córdoba
Opiniones
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La mejor forma de defender la democracia es practicándola. Cuando nos salimos del método democrático perdemos el año. Por eso es que en lugar de partidos políticos tenemos caciques y en lugar de presidente un mesías. A personas trascendentales como Fanny no hay que buscarle reemplazo porque no lo tienen. La sociedad se alimienta con la alternancia de quienes detentan el poder y las instituciones con nuevas visiones como la gerencial. Lo que Fanny hizo con el corazón puede ser administrado con la razón. Esperemos y no nos adelantemos que cada día tiene su propio afán.
Lo mejor es ver como, la única compañía, mas o menos sólida del teatro en colombia se pierde en nimiedades burocráticas y en el apuro de protagonismo de los cortesanos sobrevivientes, que lástima.
Como casi siempre, en estos paises en guerra
algunos artistas, olvidan su cometido
mientras dejan florecer
el mas insulso vaudeville.
Rocio Arias es una excelente gestora cultural pero como usted dice la van a moler a palo por esta propuesta pues creo que es un cargo politico no para gente que trabaja, hay que meterseles a los politicos, a los empresarios hay que ser parte de la pomada.
Hoy Gustavo Vasco con el festival, luego veremos a Jose Obdulio dirigiendo la sinfonica y asi, porque los politicos quieren todo, quieren comerse el pastel solitos ojala no dejando migajas para nadie. Si a ese festival no le ponen timonel serio eso se acaba Fanny pasaba las duras y las bien maduras para mantener la empresa a flote pero era su carisma y magnetismo los que lo lograban todo. No le veo por ningun lado esos carismas a Gustavo Vasco ex ideólogo de Barco. Hay que entender que en esta republiquita los politicos no conocen el retiro, sus tentaculos estan en todo.
Y es que el señor Vasco está al frente del Festival, oiga Gustavo esto es una tropelia ese señor es un politico que esta viejo, agotado y quemado, no es posible usted tiene que estar equivocado, yo no conozco muy bien a la señora Arias pero ella o Alejandra Borrero o Pia Barragan o Gloria la del Mamno cualquier otra persona de tantas de esas que si saben. El teatro nacional se acabara si los politicos jubilados lo cogen de plaza de actividades.
Viejo qué ha pasado... la columna de la semana pasada y esta han estado muy regulares...
Vasco es tan capaz como Mikey.
Capaz pueda que si pero no seria mejor que los ideologos de los regimenes conocieran el retiro y dejaran panorama para lso que vienen. Ademas me parece que tiene una edad considerable como para estar montado en este potro del festival, no me lo imagino cuadrando teatros en el mundo para traerlos.
Pero para la intriga politica y para que lo condecore Uribe de resto no le veo mayores logros culturales.
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