Opinión| 5 Nov 2008 - 9:27 pm

Klaus Ziegler

Gödel y los límites del pensamiento

Por: Klaus Ziegler
Platón creía en la existencia de un mundo sensible que podemos conocer a través de los sentidos, y de un mundo de las ideas puras que sólo podemos alcanzar por medio de la razón.

Para los platónicos, las verdades matemáticas, los teoremas, no son convenciones arbitrarias, sino que, por el contrario, tienen una realidad exterior independiente de nuestra existencia. Según esta filosofía, el matemático no inventa ningún teorema sino que lo descubre, así que su labor se asemeja más a la de un explorador de mundos recónditos que a la de un inventor.

Desde los griegos, y durante siglos, los filósofos han creído en los poderes ilimitados de la razón humana. Leibniz soñó un algoritmo capaz de dilucidar la veracidad o falsedad de cualquier proposición, y la tumba del gran matemático alemán David Hilbert lleva como epitafio la frase “Debemos saber, sabremos”, que resume su confianza en la capacidad de la mente humana como instrumento de conocimiento.

Sin embargo, ya el fisiólogo alemán Emil du Bois, había advertido sobre “la posible ignorancia definitiva del metafísico sobre lo que está más allá de la experiencia”. Las sospechas de Du Bois serían confirmadas medio siglo más tarde por Kurt Gödel, un platónico que solía dar sus caminatas vespertinas en la sola compañía de Einstein y que moriría de inanición.

En un trabajo publicado en 1931, tan revolucionario como la Teoría de la Relatividad de Einstein, el joven Gödel demostró que en cualquier sistema lógico basado en axiomas y reglas de inferencia existen enunciados cuya verdad o falsedad nunca podremos decidir, basándonos en el propio sistema. Y como corolario, Gödel probó que jamás podrá demostrarse que las matemáticas estén exentas de contradicciones internas, es decir, que nadie podrá jamás probar su consistencia lógica.

La conclusión no puede ser más desoladora ni la ironía mayor. La matemática, paradigma de la precisión, estará por siempre destinada a descansar sobre bases lógicas cuya consistencia se debe aceptar como un acto de fe. Como en la alegoría de Platón, atados de pies y manos en la caverna, no queda más que resignarnos a contemplar las sombras de un mundo inexpugnable, cuyos secretos permanecerán ocultos para siempre en la más densa bruma.

klaus.ziegler2@gmail.com

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Cordelia

10 Noviembre 2008 - 11:09am
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Muy bien, Mr. Ziegler, los matemáticos en su abstracción son maravillosos. Como dice un amigo conocido parafraseando un filosofo austríaco, "los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo"

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matnebula

8 Noviembre 2008 - 12:29pm
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Excelente Klaus... nunca será un refrito exaltar al gran Gögel y su indecibilidad...

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mecho

6 Noviembre 2008 - 8:44pm
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Con todo respeto, este artículo es un refrito, para ser más preciso, descubre el agua tibia. ¿por qué no plante temas actuales? por ejemplo, los problemas que contempan cinco dimensiones o algo por el estilo

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Kaiser Soza

6 Noviembre 2008 - 7:16am
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Interesante articulo...mas no podemos olvidar, que no se le puede imponer a la naturaleza, nuestra fingida simplicidad logica, pues es claro que en ella no existe una cosa tal. Ella es sin nuestro concierto.

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jabeso

6 Noviembre 2008 - 3:16am
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A LAS PUERTAS DE LA CUANTICA nos dejó este matemático que de Austria pasó a New Jersey y de honorable matemático a morir con la paranoia del envenenamiento. Interesante Nota.

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