Opinión| 19 Nov 2008 - 8:04 pm

Klaus Ziegler

La creatividad

Por: Klaus Ziegler
La creatividad es un fenómeno complejo, pleno de matices, multifacético, y un enigma que ha desafiado a filósofos y sicólogos durante siglos.

En la mitología griega, las musas eran quienes inspiraban a los escritores y artistas. Para los filósofos idealistas, el acto creativo era considerado un misterio inexplicable, una experiencia extraordinaria y exclusiva de unos pocos privilegiados.

A pesar de que nadie sabe cómo ocurren esos momentos de iluminación, esas vivencias eureka en las que las ideas parecen surgir de la nada, sí se sabe que tales experiencias dependen de una intensa actividad silenciosa que ocurre en zonas del cerebro no accesibles a la conciencia. En esta penumbra mental las ideas se mezclan, mutan, se combinan, se hibridan con otras…

El mecanismo involucra un generador de azar que se encarga de permutar innumerables fragmentos de recuerdos, ideas y experiencias almacenadas en la memoria durante años. Sin que lo advirtamos, esta máquina generadora de azar realiza miles de combinaciones aleatorias, de las que sólo unas pocas afortunadas se convierten en ideas novedosas, o en las grandes síntesis que con frecuencia desconciertan inclusive al mismo creador.

De cierta forma, todo acto creativo es un plagio, una variación de alguna idea corriente o una combinación de elementos conocidos pero ensamblados de forma diferente. Sin embargo, sólo el creador es testigo de los miles de ensayos fallidos, de los innumerables pasos intermedios que finalmente le permitieron llegar a una nueva concepción. Quizá por ello decía Einstein que la herramienta más importante del físico teórico es la papelera.

Al analizar con cuidado muchísimas obras que parecen haber surgido de la nada, se descubren sus antecesores, o precursores, aunque es muy común que se encuentren perdidos, ya porque la historia no los registra, o porque los mismos creadores ocultan los pasos intermedios para crear la ilusión de que todo el proceso se ha dado de manera repentina, en un acto de inspiración.

A medida que se comprende mejor el proceso creativo, la imagen del genio loco y distraído o del escritor bohemio que sin aparente esfuerzo y por simple inspiración concibe sus grandes obras, parece más una invención literaria de biógrafos y novelistas románticos. La mayoría de las grandes obras de la cultura son producto de la perseverancia, la disciplina y una capacidad de trabajo excepcional. Como dijo Edison: “El genio es un 90% de transpiración y un 10% de inspiración”; y eso sí, comentaba Picasso, ¡que la inspiración te pille trabajando!

klaus.ziegler2@gmail.com

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