Judicial| 23 Ago 2008 - 2:48 am
Una historia inédita
El ex traficante más aseado del cartel
Por: Andrés Montoya Restrepo/ Especial para El Espectador
Foto: Fotografías: Adrián Franco
Paradójico: su obsesión por la limpieza lo hizo destacarse dentro de la mafia y le ayudó a sobrellevar el presidio en Holanda.
Facciones pétreas y quijada de burro. Viste pantalones de paño rigurosamente planchados y camisas abotonadas hasta el cuello. En su cuarto no se asoma una mota de polvo. Sus pantalones cuelgan en ganchos amarillos y las camisas en otros de color negro. Todo esquizofrénicamente ordenado. Se afeita, todas las mañanas a las seis en punto, con la misma minuciosidad de un barbero. Se enjuaga con agua de colonia, se unta crema suavizante para sellar los poros, se espolvorea talco, se aplica desodorante y se perfuma con loción. “Es mi ley de los cinco perfumes”, dice. De su anterior oficio en la mafia conserva dos cosas: un diario de 104 páginas en donde relata los cinco años que estuvo detenido y también esta inclinación ciega, enfermiza, por lucir impecable. Hoy, dieciocho años después de haber pagado su condena en la cárcel, Camilo Ramírez asegura haber sido el empleado más aseado del antiguo cartel de Medellín.
Ingresó a la órbita de la mafia en 1982. Empezó como chofer y de ahí pasó al departamento de empaques en donde llevó este oficio a niveles asombrosos de calidad. Envolvía cada kilo del alcaloide con tres vueltas de cinta aislante, los enyesaba por separado, los limpiaba cuidadosamente y al final, para protegerlos de las altas temperaturas del motor de los barcos, los introducía en tubos de PVC. “Obvio, la coca se iba muy bien presentadita”, —testifica y se echa a reír como un niño acusado de hacer una travesura—. De aquellos años recuerda las fiestas faraónicas en Cartagena, sus excesos. Y claro, el día en que conoció al astro rey. “Estábamos en una finca en Envigado, el operativo de seguridad era increíble, escoltas por todos lados.
Pablo Escobar estaba sentado en la cabecera de una mesa y todos se acercaban a saludarlo. La gente se le arrimaba como si él fuera el Presidente de la República”, asegura. Su habilidad para los números y un afiladísimo sentido del olfato ayudaron a promoverlo a uno de los cargos más insólitos dentro del bajo mundo: catador de cocaína. Nunca vaciló a la hora de renegociar la mercancía en los laboratorios de El Cerrito, Valle. “Reconocía la calidad de la coca por el olor, sabía de inmediato si estaba mantequillosa, rocuda o si tenía mucho éter o poca acetona”, sostiene. Efectuada la compra la transportaba por vía terrestre hasta el puerto de Urabá. Allí, entregaba los paquetes de treinta kilos a su contacto de la compañía bananera y luego, en avión, viajaba hasta Rotterdam, Holanda, en donde veinticinco días después él la recogía para encaletarla en un apartamento del centro de Amsterdam. “Para pasar inadvertidos, mi jefe decidió enviar únicamente paquetes de treinta kilos cada tres meses. Nosotros mandábamos las migajas de lo que Pablo dejaba”, revela.
Trece veces lo hizo y trece veces coronó. Pero la noche del 29 de mayo de 1986, en la víspera del Mundial de Fútbol en México, ocurrió lo inevitable en un mundo de finales anunciados. Dormía. Hasta que escuchó unos golpes en la puerta. Se asomó por la ventana del segundo piso. Patrullas. Con el pulso acelerado se puso una camisa, bajó las escaleras y respiró profundo. Contó hasta tres: uno, dos y tres. Abrió. En la cuadra las luces giratorias como un decorado inquietante. Un intérprete le mostró la orden de cateo y le recomendó colaborar.
Y así, con la misma obediencia con que había catado, empacado, transportado y guardado el cargamento les mostró el lugar que les había servido, durante más de tres años, para esconder los paquetes que enviaban cuatro veces al año desde
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SI ESTUVO EN EL CUENTO en el 82, debió conocer al director de la aerocivil y posterior gobernador de Antioquia; para mas señas pablito lo adoraba (como lo adoran muchos ahora) (repito lo que dice Virginia en su libro)
Tremendo diccionario de adjetivos nos acaban de tirar en este artículo. Tan mal escrito como intrascendente.
El artículo tiene fliudez, y se lee bien... pero BASTA A LA GLORIFICACIÓN DE LOS NARCOS!!!! Bastante daño le ha hecho a nuestro país... porqué suigen obsesionados por recontar la historia repetida????
Más daño nos hacen los políticos, y hay que uno que lo siguen glorificando, sino es que lo terminan haciendolo una leyenda. Además, está interesante la historia.. catador de coca... Eso es tener habilidades, para algoc onsiderado en la sociedad actual como malo, pero es una habilidad asombrosa.
Muy buena crónica. Que legalicen la droga, nunca se acabará con ella. Me alegra que Camilo hubiera salido y que esté con nosotros. Es una verguenza que el presidente muestre orgullo por extraditar a más de 700 colombianos, en lugar de presentar una posición auténtica, propia de Colombia al mundo.
Si yo hubiera sido el presidente hubiera hecho de la hacienda Napoles de Pablo Escobar un gran parque de diversiones, el mas grande el pais, con zonas de camping, hoteles, chalets, zonas de esqui acuatico, una gran piscina con olas artificiales, un gran centro comercial con teatros, bolos, negocios de toda clase ...un zoologico con visitas en buses especiales ....mejor dicho la gente de esa region hubiera mejorado su economia.....pero asi como dejaron acabar la hacienda napoles, asi siguen de pobretones los habitantes de esa zona que despues se volvio zona paramilitar
Que buena crónica.
Todo iba como bien, hasta la publicidad del tour de pablo escobar...que por cierto, me parece carísimo...qué roboooooo!!!!...¿o es que les encima sus buenos gramos de coca a los que lo contratan?
Hablando de eso en "tour extremos" el sustantivo está en singular y el adjetivo en plural; debería ser "tours extremos" o "tour extremo". Aunque lo realmente correcto y más elegante, sería "excursiones extremas". Otra cosa, aunque nos duela, el narcotrafico no es el pasado de Medellín, tambipen es el presente (hoy se exporta el doble de coca que en tiempos de escobar) y, por como van las cosas, el futuro.
La expresión correcta sería: Todo NEURÓTICAMENTE ordenado.
"Todo esquizofrénicamente ordenado"
Que carajos es eso????
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