Opinión| 8 Nov 2008 - 10:00 pm

Juan Gabriel Vásquez

Lectores antisociales

Por: Juan Gabriel Vásquez
CON CIERTA FRECUENCIA NOS DIcen que ya no se lee, o que se lee menos que antes, y nos hablan del índice de lectura, o se nos informa de una nueva iniciativa o programa destinado a mejorar esos índices.

Yo nunca he pensado que leer literatura sea “bueno” en el sentido en que son buenas las verduras, por ejemplo, y no creo que la lectura de novelas, que para mí es un vicio y por lo tanto tiene algo de irracional, deba ser obligatoria para nadie; y sin embargo, sí creo que un lector, alguien que dedica su atención con cierta constancia a los buenos libros, tiene mejores posibilidades de entender el mundo y por lo tanto de vivir un poco mejor en él. Por eso no puedo tomarme esas iniciativas con cinismo: está muy bien que se hagan, y está muy bien que el dinero público se gaste en poner a cuanta gente sea posible en contacto con cuantos libros sea posible. Pero nunca dejará de parecerme raro, o por lo menos paradójico, que la lectura sea tema de preocupación institucional o estatal, porque para mí un lector de verdad, un lector enviciado, guarda en el fondo a un antisocial.

El lector de ficciones ya es en sí mismo un inconforme y un rebelde, creo yo, alguien que no se siente satisfecho con el mundo o con la vida que le han tocado en suerte, y busca en las novelas vivir otras vidas, estar en otros mundos. Luego, en función del grado de sofisticación, cada uno perseguirá otros placeres, hasta llegar a lo que Nabokov llamaba dicha estética; pero la experiencia indirecta y vicaria de vidas que no son las nuestras sigue siendo y será siempre la principal razón por la cual la gran mayoría de la gente lee novelas. Es por eso que las religiones han desconfiado siempre de las novelas: las religiones ofrecen la respuesta para todo, quieren ofrecer una vida plena y perfecta, y un lector de ficciones es un escéptico. Y hay sobre todo una prueba incontrovertible de su escepticismo social: el lector moderno es, casi por definición, alguien que está solo.

Eso, por supuesto, no está bien visto, nunca lo ha estado. La lectura en soledad llevó a Alonso Quijano a la locura y a Emma Bovary a la infidelidad y a la deuda y al suicidio, y cuando Hamlet aparece fingiendo locura por primera vez, lo que hace es pasearse solo con un libro, y su madre exclama al verlo: “El pobre infeliz viene leyendo”. El lector es alguien que declara con culpa o sin ella que prefiere la soledad a la compañía, por lo menos durante una buena parte de su tiempo, y no sólo la soledad, sino el silencio; y nuestras sociedades, aparte de mirar al solitario con desconfianza, son enemigas a muerte del silencio, tratan de eliminarlo de todas partes, y ya es virtualmente imposible encontrar un espacio público donde no esté sonando a todas horas una música imbécil que no existe para ser escuchada sino, precisamente, para que no nos incomode su ausencia.

Creo que fue Pascal quien dijo que la felicidad de las personas importantes se debe a contar siempre con una multitud que los entretenga: quienes rodean a un rey se preocupan de que no esté nunca solo, no vaya a ser que se ponga a pensar sobre sí mismo. En las sociedades contemporáneas, empeñadas en tratar a cada ciudadano como uno de esos reyes, la lectura es un acto de disidencia. Y la disidencia, en estos días que nos han tocado, no tiene buena prensa.

  • Juan Gabriel Vásquez

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Opiniones

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Raúl Márquez

13 Noviembre 2008 - 5:06pm
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Lamentablemente la escuela como institución formativa hace bien poco para crear verdaderos espacios destinados a la formación de lectores autónomos. Aunque muchos docentes lo intentan, lo cierto es que su pocentaje es muy mínimo en contraste con aquellos que simplemente se dedican a enseñar la lectura como un tema más del pénsum, sin comprender que precisamente la lectura -como oficio vital- es la base esencial de todo aprendizaje... Por cierto estoy letyendo Los amantes de Todos los Santos, excelente...

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Alberto V. Velasquez

9 Noviembre 2008 - 10:54pm
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La mil veces citada expresiòn de Borges: la biblioteca como sucedánea del paraíso nos previene de circunstancias excluyentes. Me explico: el amor a los textos tiene una suerte de segunda parte, de una ulterior etapa que no puede dejar de recorrerse: el lector tiene su cara (o su sello) en la re-expresión de lo que lee. Escibir o hablar de lo que lee parece librarlo al lector del destino infeliz de que sus jornadas solitarias se conviertan en un gozo onanista. En algo, el destino de Borges contradice lo que dice JGV: después de los 51, el escritor argentino tuvo que recurrir a intermediarios videntes que leyeran o releyeran para él los libros que tanto amó. En cualquier caso, la lectura nos enejena de la inicua realidad, es como una incapacidad que nos exime del secular martiro de Sisifo.

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paisacoraje

13 Noviembre 2008 - 9:13pm
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Sesudo comentario.

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boggy

9 Noviembre 2008 - 10:00pm
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Bee, bee ovejita negra de kipling también refleja entre otras muchas cosas la intolerancia y desconfianza que sufren aquellos que cometen el acto de leer. Además en Los que queman los libros... George Steiner parece estar plenamente de acuerdo con vos Juan cuando dice lo siguiente: "El silencio, la intimidad, la soledad que permite un encuentro en profundidad entre el texto y su recepción, entre la letra y el espíritu, es hoy una singularidad excéntrica, que resulta psicológica y socialmente sospechosa". Entre las multiples razones que lo llevan a ser escritor Pamuk arroja un motivo: "Escribo para estar solo". Propongo una pequeña variante al título: "Lectores solos". Muchas gracias por tu artículo.

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Alfonso Cano

9 Noviembre 2008 - 1:00pm
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Saludos camaradas desde las frondosas selvas colombianas. Un artículo muy singular y una escritura poco particular. Algo innovador y profundo. Nada más que decir sobre el artículo.

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Gregorio Ríos

9 Noviembre 2008 - 12:26pm
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Cuando por fin entendí que la "buena literatura" supone un lector implicado o implícito bien preparado a más de "agudo", dejé de pensar en la quimera de que esos libros debían estar al alcance de todos. No nos digamos mentiras: el escritor, desde su atalaya creadora avista y concibe el lector que sea capaz de desescribir su novela o su cuento. ¿Acaso Carlos Fuentes -por decir algo- no pensó en el lector para "La muerte de Artemio Cruz"? ¿Acaso José Donoso quiso que "El obsceno pájaro de la noche" fuera, como tantos otros, un texto para leer en el colegio? Cada quien con lo suyo: ¿o si no, por qué el éxito de realities y telenovelas?

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almargen

9 Noviembre 2008 - 11:24am
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Aunque para la mayoría la soledad es una desgracia, para mí se ha convertido en un lujo. Tiene uno que ganársela a costa de la enemistad con una mayoria que teme sentirse sola. De quienes prefieren que sus espiritus los arrastre una corriente de bullisio e ilaridad que promete desembocar en el paraíso. Si se escucharan a si mismos, tendrían en sus manos sus destinos. Y ése es un estado de libertad en el que el único gobernante es uno mismo, y sólo nos queda la fe en nuestros propios sueños, en nuestros castillos de mentiras.

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sombrero

9 Noviembre 2008 - 9:05am
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Ignorance is bless

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es así

9 Noviembre 2008 - 2:03am
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Lo que más me gusto de su columna es en donde dice que "la lectura es un acto de disidencia. Y la disidencia en estos días no tiene buena prensa." Si en estos días pensar de forma diferente puede ser llevado a que lo tilden de terrista o de guerrillero y por ende a ser asesinado impunemente, por esas mismas instituciones que fueron creadas para protegerlo, como son el gobierno y el ejército.

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Nashi

9 Noviembre 2008 - 1:27am
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Veces que haces buenos escritos Juan Gabriel, y este es uno de esos. Esta vez quiero comentar algo que me sucede cuando leo su columna cada domingo, simplemente me gusta bastante o la desprecio. Es en verdad raro, con su columna no he tenido aceptaciones medias, sinó extremas. A veces pienso que son dos personas las que escriben esta columna, pues no veo otra explicación. Gracias Juan Gabriel.

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