Opinión| 2 Nov 2008 - 6:51 pm
El hecho de matar
Por: Lorenzo Madrigal
No pasa lo mismo con la muerte. Con cualquier medio destructivo, salido de la mano del hombre, la frágil condición humana perece, a voluntad del agresor. Medios de destrucción, que llamamos armas, y que en manos de muchos son un juguete con que se amenaza, se enseñorea, se ejerce la libido dominandi sobre los demás y se borra del entorno al indeseable.
Es, por tanto, de una enorme responsabilidad el uso de las armas y las sociedades constituidas como estados tienen la majestuosa –y privativa– potestad de su uso. De este poder legítimo sobre las armas derivan esos mismos estados la interpretación errónea de considerarse dueños de la vida de los asociados. Legalizan las muertes con sofisticadas leyes y procesos penales para infligir el castigo máximo, sin que tengan para ello la autoridad natural, como que no han creado la vida que destruyen.
A tal punto que “legalizar” es palabra clave en el argot militar y tropero para dar a entender que una muerte puede ser fácil de explicar en papeles, con sellos y constancias de enfrentamientos, que no han sido reales. O que, siendo reales, permiten cobijar bajas con el manto de la confusión. La misma tropa mata a los suyos con fuego amigo, como tantas veces se ha visto y tantas otras se ha ignorado para siempre.
Hay en el uso de las increíbles máquinas para suprimir la vida una latente cobardía. El ser humano inerme se enfrenta a otro que puede más que él, que tiene, por virtud de un “fierro” –siempre que no se le encasquete– la posibilidad de quitarle lo más preciado de la existencia, que es ella misma, sin ambages. Ese cobarde armado se patentiza en las simulaciones del cine, cuando, vencido y dominado, se convierte en víctima de su propio instrumento de destrucción. El morbo del cine se regodea con estos contrastes anímicos.
Muy cobarde, amén de asesino, es el militarismo que busca entre la población anónima a quién pueda suprimir, sin que tenga allegados en la región lejana adonde conduce a sus víctimas. No tiene nombre lo que ocurre en situaciones como éstas, bajo la protección oficial y al amparo de las leyes. Seres humanos muertos por armas cobardes, son “legalizados”, ya se entiende, asesinados, bajo la cobertura del derecho.
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Lorenzo Madrigal
Opiniones
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"Trata siempre a los demás como individuos y nunca como miembros de un grupo". Máxima del liberalismo.
"Trata a los demás como individuos no como miembros de un grupo". Esta es la máxima del liberalismo teórico. Violada permanentemente, esta prescripción liberal desnuda al neoliberalismo y lo define como le gusta a los prágmaticos, es decir, a los realistas: del liberalismo no se ve sino el liberalismo económico. La tradición del liberalismo burgués, en el que se conjugaban movimiento cultural y compromiso político es hoy por hoy un estatuto perfectamente desconocido. Por eso es que hay que sospechar inmediatamente del neoliberalismo (desde 1990 Colombia: zzzzzzzzzzz..... zzzzz. )
Este Estado criminal a permanecido por 150 ños aproximadamente. En el ejèrcito el el asesinato y el crìmen es una pràctica normal. Esto no es de ahora. Pero con uribe se agudizò la cosa.
Con el beneplácito y visto bueno del presidente de la república alvaro uribe vélez, quien sale a lavarse sus manos ensangrentadas cuando se ve cogido infraganti.
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